La respuesta parece sencilla y directa, ¿verdad? Aunque cada persona tiene sueños y planes diferentes, por lo general la gente empezaría diciendo algo como: «Espero terminar bien, disfrutando de los siguientes beneficios...». Sin embargo, todos sabemos que lo que la gente desea y espera es una cosa, mientras que lo que realmente sucede al final suele ser diferente. Pero ¿existe alguna manera de garantizar el resultado esperado? ¡Sí, por supuesto! Si Dios garantiza cuál será ese final, entonces ciertamente así será.
Reflexionemos sobre este tema...
En primer lugar, debemos recordar que Dios no hace acepción de personas. Con esto en mente, observemos lo que Él mismo reveló y prometió, incluso a aquellos que estaban en cautiverio y vivían en tierra extranjera:
«11Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis».
(Jeremías 29:11)
Si consideramos a quién iba dirigida originalmente esta Palabra, entenderemos aún mejor su magnitud. Ciertamente, ellos esperaban un desenlace muy distinto a la situación que vivían en aquel cautiverio babilónico... Sin embargo, muchas personas hoy en día se sienten exactamente igual —en sentido espiritual— al ver que sus circunstancias actuales difieren enormemente de lo que habían esperado y al sentirse muy lejos de su lugar de paz. Se sienten atadas de pies y manos, incapaces de avanzar en la vida, cargando un gran vacío en el corazón y con su esperanza cautiva. Pero ¿cómo puede uno asegurar el resultado deseado sin antes encontrar a Aquel que garantiza el cumplimiento de la promesa? Así pues, para quienes pertenecen al pueblo de Dios —tanto del pasado como del presente— ¿qué era esencial, y sigue siéndolo hoy, para buscar y hallar al Señor? Al fin y al cabo, Él puede liberar a los cautivos y permitirles alcanzar el desenlace que tanto anhelan. La Palabra dice que debemos buscar al Señor CON TODO NUESTRO CORAZÓN. Así dice el Señor:
«12Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré;
13y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón».
(Jeremías 29:12-13)
Para que alguien busque al Señor de esta manera —con todo su corazón— primero debe entregarle su corazón por completo. De lo contrario, algo del mundo (o gran parte de él) ocupará ese corazón, haciendo imposible buscarle de todo corazón.
Por tanto, si deseas buscar al Señor con todo tu corazón, ora así:
Dios mío y Padre mío,
Me arrepiento de mi forma de vida y no quiero terminar en cautiverio.
Me rindo y Te entrego mi corazón por completo.
Creo que Jesús es el Hijo de Dios y lo recibo como mi Señor y Salvador.
Creo que Él murió por mí en la cruz y resucitó de entre los muertos.
Así, pido el perdón de todos mis pecados y la salvación de mi alma.
Y que Tú hagas realidad el resultado que anhelo tan profundamente.
En el nombre de mi Señor Jesús,
Amén.
Ahora y siempre, permanezcamos fieles y sigamos buscando al Señor Jesús. ¡Por medio de Él tenemos la victoria! ¡Gracias a Dios!